La adolescencia es un período de notable neuroplasticidad y desarrollo cognitivo, particularmente en las funciones ejecutivas y las habilidades sociales.
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para adaptarse y cambiar en función de la experiencia. Un aspecto de esta neuroplasticidad es la mayor comunicación entre las diferentes regiones cerebrales del adolescente.
Por ejemplo, a medida que la corteza prefrontal (la región del cerebro que sustenta la mayoría de las funciones ejecutivas) comienza a integrarse más con el hipocampo (la región del cerebro relacionada con la memoria), los adolescentes son más capaces de tomar sus experiencias pasadas y aplicarlas a nuevas situaciones.
Los estudios demuestran que las experiencias enriquecedoras que ejercitan activamente sus funciones ejecutivas, como la planificación, el razonamiento, la resolución de problemas y la autorregulación, ayudan a los adolescentes a perfeccionar sus capacidades cognitivas en desarrollo aprovechando la mayor neuroplasticidad de su cerebro.
Cuanta más experiencia práctica adquieran con una tarea, más sólidas serán sus habilidades cognitivas, lo que les ayudará a mejorar su propio aprendizaje. Dado que el cerebro de los adolescentes está predispuesto a la interacción social, también es más probable que exploren, aprendan y muestren un comportamiento cooperativo cuando están con sus compañeros.
La experiencia importa
En conjunto, estos estudios destacan que la experiencia en sí misma importa: las relaciones familiares y con los compañeros, la escuela, el contexto cultural, las condiciones socioeconómicas, el estrés y las oportunidades de aprendizaje y participación son factores fundamentales para moldear el aprendizaje y el desarrollo de los adolescentes.
Por ello, los investigadores recomiendan intervenciones específicas que ofrezcan enriquecimiento del aprendizaje, espacios seguros y tutoría. Estas intervenciones pueden mitigar los efectos de los factores estresantes ambientales para favorecer el desarrollo cerebral.
Pero la riqueza de estas experiencias también importa.
Compromiso activo
Los jóvenes no solo necesitan participación, sino participación activa.
Si bien recibir información, por ejemplo a través de un video, puede ser muy valioso, los jóvenes también necesitan oportunidades para ejercitar su cerebro de maneras cada vez más complejas. Debido al papel fundamental que desempeñan las relaciones sociales en el desarrollo del cerebro adolescente, también necesitan interactuar activamente con otras personas.
Este compromiso incluye trabajar con personas que tienen perspectivas diferentes, cooperar para alcanzar objetivos comunes, gestionar conflictos y aprender a manejar la presión de grupo.
Desafío significativo
Los jóvenes no solo necesitan un desafío, sino un desafío significativo.
Una experiencia difícil será menos efectiva para ayudar a los jóvenes a crecer si es demasiado dura o si está demasiado alejada de la experiencia del adolescente o de su potencial de recompensa interna.
Práctica y retroalimentación
No solo necesitan práctica, sino también retroalimentación sobre esa práctica y la oportunidad de cometer errores y volver a intentarlo.
La práctica no solo nos permite adquirir una habilidad, sino que facilita su aprendizaje, brindando a los jóvenes la oportunidad de descubrir el placer de aprender. La retroalimentación también es fundamental: los jóvenes necesitan ver y reconocer qué funciona y qué no para poder ajustarse e intentarlo de nuevo.
También necesitan espacios seguros para descubrir que los errores son una parte valiosa del aprendizaje.
Cómo pueden ayudar los programas para jóvenes
Los programas extracurriculares son espacios idóneos para proporcionar la riqueza de experiencias que necesitan los cerebros adolescentes.
Tenemos el tiempo y los contactos necesarios para entablar relaciones con los jóvenes y descubrir quiénes son, qué necesitan y qué desean.
Tenemos la flexibilidad de conocer su contexto ambiental y brindarles experiencias que complementen su conocimiento previo y les supongan un reto significativo. No solo podemos exponerlos a personas diferentes a ellos, sino también crear oportunidades intencionadas para que interactúen y aprendan unos de otros.
Y podemos enriquecer su experiencia práctica y de retroalimentación involucrándolos en actividades reflexivas que les ayuden a procesar y aprender de lo que están haciendo.
Baker, AE, Galván, A. y Fuligni, AJ (2025). El cerebro conectado en contexto: cómo la plasticidad adolescente favorece el aprendizaje y el desarrollo. Neurociencia cognitiva del desarrollo, 71, 101486. https://doi.org/10.1016/j.dcn.2024.101486
Murty, VP, Calabro, F. y Luna, B. (2016). El papel de la experiencia en el desarrollo cognitivo adolescente: Integración de los sistemas ejecutivo, de memoria y mesolímbico. Reseñas de neurociencia y bioconducta, 70, 46–58. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2016.07.034